Mayor productividad y reparto de riqueza, entre los beneficios del envejecimiento de la población

Mayor productividad y reparto de riqueza, entre los beneficios del envejecimiento de la población

Lo asegura un estudio que analiza los efectos económicos, sociales y ambientales de este cambio demográfico desde una vertiente positiva, descubriendo las oportunidades que se generan en las sociedades que envejecen.
El envejecimiento de la población puede llegar a tener muchos efectos positivos para la sociedad. Este proceso demográfico viene acompañado, no solo de una mayor esperanza y calidad de vida, sino también una mejora de los niveles de educación, un incremento de la productividad, menos daños para el medio ambiente y un reparto de la riqueza con las generaciones más jóvenes. Son las conclusiones de un estudio que publica la revista Plos One y que ha sido elaborado por investigadores de Austria, Estados Unidos y Alemania.
La esperanza de vida media en los países desarrollados ha aumentado a un ritmo de tres meses al año y la fertilidad ha caído por debajo de la tasa en la mayoría de Europa y otros países desarrollados, explica Elke Loichinger, autor principal de la investigación, para comparar a continuación las consecuencias en la estructura por edades de la población de 2010 y la que se prevé para 2060.
“El envejecimiento de la población es un proceso demográfico mundial inevitable”, comienza enunciando el informe para luego aclarar que, si bien casi todo lo que se escribe sobre las consecuencias del cambio demográfico se centra en los desafíos económicos y sociales que afrontaremos con el aumento de la esperanza de vida y el descenso de la fertilidad –sistemas de pensiones o costes sanitarios, entre otros–, este estudio va más allá y analiza los efectos económicos, sociales y ambientales desde una vertiente positiva, descubriendo algunas de las oportunidades que se generan en las sociedades que envejecen.
En concreto, los autores consideran que existen efectos secundarios del envejecimiento de la población que surgen de manera imprevista, no programada, y que pueden ser aprovechados para hacer frente a los urgentes problemas ambientales y las cuestiones de la desigualdad de género y las relaciones intergeneracionales.
“Nos centramos en la composición educativa de población activa, las emisiones de CO2, las transferencias intergeneracionales, la evolución de la atención que necesitan los mayores y la esperanza de vida saludable y el tiempo dedicado al trabajo durante la vida de una persona”, explican los investigadores. A lo largo del estudio podemos ver algunos ejemplos que demuestran los “potenciales efectos positivos a largo plazo que están directa o indirectamente relacionados con el envejecimiento de la población”.
Aunque el aumento de la edad media de la sociedad probablemente conducirá a una disminución de la fuerza de trabajo, los esperados incrementos en los niveles de educación de los trabajadores, asegura Loichinger, pueden compensar en parte este descenso a través de una mayor productividad.
El envejecimiento de los ciudadanos puede ser bueno, aseguran, para el medio ambiente, puesto que los cambios en la estructura de edad y el declive en el tamaño de la población están asociados, según el informe, con la reducción del uso de productos de alto consumo energético y la disminución de las emisiones de dióxido de carbono.
Las mejoras científicas han propiciado no solo un aumento de la esperanza de vida, también un mayor bienestar y calidad de la misma. La investigación llega a la conclusión de que una población envejecida se mantiene saludable durante más tiempo. Ilustra este argumento con unos gráficos que muestran cómo con el paso de los años las personas han ido retrasando su necesidad de acudir a tratamientos de salud.
Además, los autores del estudio creen que el envejecimiento de la sociedad de un país puede promover que se comparta la riqueza con las generaciones más jóvenes. A medida que aumenta la esperanza de vida, la gente hereda a edades más avanzadas y utiliza parte de la herencia para financiar su jubilación o ayudar a sus hijos económicamente. Por otra parte, ya que las familias tienen menos hijos, la herencia se divide entre un número menor de personas, por lo que, manteniéndose todo lo demás constante, los individuos recibirían más.

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